Discrimen Alimentario en Cuba

Por: Lcdo. Sergio Ramos*

San Juan, Puerto Rico a 14 de Agosto de 2022. (Cartero Antitotalitario). Cuba sufre una contradictoria dualidad alimentaria que separa de modo discriminatorio a la mayoría de la población de la minoritaria oligarquía que usurpa el poder desde hace más de seis décadas. Se trata de una de las mayores injusticias que sufren los cubanos de a pie, para quienes, el sistema de escases y carencia de productos alimentarios, medicinas y de primera necesidad les genera un dificultoso acceso a la alimentación adecuada, a las medicinas y a los productos de primera necesidad, ya que el estado totalitario los controla y raciona de su antojo desde hace 60 años, y mantiene el discriminatorio racionamiento como un mecanismo de control y subyugación social.

En otras palabras, al estado totalitario controlar la alimentación y los medicamentos para el pueblo, crea un efecto de dependencia del ciudadano para con el estado y este último puede a su antojo controlarlo y/o castigarlo privándole o limitándole el acceso a esos productos alimenticios y medicamentos, creando así un mecanismo de coacción contra la población. 

Son frecuentes las largas y tediosas colas que el ciudadano común tiene que hacer para abastecerse de la escasa comida, de algún medicamento o algún producto básico, a causa de que la dictadura los distribuye a su antojo y conveniencia. 

Ante este bloqueo alimentario que el régimen castrista le impone al pueblo, el cubano de a pie no le queda más remedio que acudir a la ilegal bolsa negra o mercado clandestino para obtener algunos productos a precios exorbitantes. 

Suelen escapara duras penas de este encierro, aquellos cubanos que tienen familiares en el exterior y que reciben ayuda a través de los envíos de remesas en divisas.

Hay que tener presente que el sueldo medio del trabajador cubano al día de hoy es de 3,838 pesos nacionales, lo que equivale a un salario mensual de US$33.67 dólares. Con lo cual tiene que adquirir sus alimentos, cuya canasta básica tiene un valor medio de 3,250 pesos nacionales, lo que equivale a US $28.15 dólares, quedando un sobrante de 588 pesos nacionales que equivalen a US $5.16 dólares. Eso significa que el 84.37% de su sueldo lo tiene que gastar en alimentación racionada por el estado.

A esto añádase que para finales de este año 2022 la inflación en el país proyecta un aumento del 51.8%, lo que cada vez más reduce el poder adquisitivo del consumidor cubano y aumenta gravemente los altos niveles de pobreza en el país.

Una situación que muy probablemente se agravará a raíz del daño que sufrirá la economía del país a causa de los incendios que destruyeron los depósitos de combustible de Matanzas. La pérdida de grandes cantidades de gasolina y diésel a causa del incendio, tendrá el efecto de aumentar la escases de combustible con lo cual se afectará seriamente la ya deteriorada producción de energía eléctrica, lo que a su vez, inevitablemente, tendrá un impacto negativo en la producción y distribución alimentaria en el país.

Pero más allá del efecto negativo que pueda generar el reciente incendio de los tanques de combustibles de Matanzas, la gran responsabilidad y génesis de esta crisis y su consecuente incremento en los niveles de pobreza y la escases alimentos, de medicinas y productos de primera necesidad que sufre el pueblo se debe, en gran medida, al carácter intrínsecamente improductivo del sistema económico centralizado y controlado por el estado comunista.

Sin embargo, en Cuba existen unos minoritarios sectores de la población que disfrutan de una abundancia insospechable. Se trata en primer término de la alta cúpula dirigente del régimen, quienes, tras la mampara de su privacidad, están abundantemente abastecidos de los más apetitosos manjares y disponen de todo tipo de medicamento y los servicios médicos de calidad, así como todo tipo productos de diversa índole y residen en lujosas mansiones inalcanzables para el ciudadano común.

El otro sector es el de los extranjeros, quienes viajan de turistas a Cuba hospedándose los hoteles y hospedajes turísticos, los cuales tienen acceso a una variedad de alimentos inaccesibles para el pueblo. Algo que es cónsono con la política de atraer divisas al país a través de la industria del turismo, cuyos réditos se reparten entre el estado, los inversionistas dueños de hoteles extranjeros y la alta cúpula regente de la dictadura.

Mientras, en dramático contraste, la mayoría del pueblo cubano recibe tan solo migajas con la libreta de racionamiento que le impone el régimen, los altos jerarcas celebran y se nutren con suculentas comelatas. Mientras el pueblo carece de medicinas y se les atiende en hospitales que carecen de asepsia y los pacientes tienen que llevar su propias sábanas y comidas cuando son hospitalizados, los altos jerarcas son atendidos en hospitales como el CIMEC que cuenta con los más modernos y avanzados equipos y están surtidos de todo tipo de medicamentos. Mientras los cubanos de a pie se les están cayendo sus viviendas encima y son comunes los derrumbes de edificaciones en el país por la imposibilidad de darles mantenimiento y/o por el estado ruinoso en que se encuentran sus maltrechos hogares, los minoritarios altos dirigentes de la dictadura viven en suntuosas y lujosas mansiones en barrios exclusivos del país. 

De hecho, en Cuba hay fábricas de enlatados de alimentos cuyos productos nunca los puede adquirir el pueblo, pues están vedados para este, y hasta muchos cubanos desconocen que existen, porque son solo para exportación y cuyos ingresos son distribuidos entre el estado totalitario, la cúpula gobernante y los inversionistas dueños de esas industrias.

Tal discrimen alimentario, en medicinas y servicios médicos-hospitalarios y en productos de primera necesidad constituyen una violación de los derechos humanos de los ciudadanos cubanos por parte de la alta cúpula dictatorial que controla el poder en Cuba, ya que el artículo 25 inciso 1 de la carta de Derechos Humanos de las Naciones Unidas expresamente establece que: “1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad”.

La solución de la crisis alimentaria en Cuba está condicionada a que se produzca un radical cambio político en el país, cuando una vez erradicado de raíz el régimen totalitario, bloqueador de las libertades y del verdadero bienestar del pueblo, se edifique en el país una sociedad justa, “con todos y para el bien de todos” los cubanos como nos enseñara el Apóstol José Martí, bajo un sistema democrático pluripartidista, participativo e inclusivo de todas las corrientes del pensamiento político, social y económico del país, dentro del marco de un estado de derecho basado en el respeto a las libertades y los derechos humanos, implementando una política de desarrollo económico sostenido basado en una economía de libre mercado y libre empresa y desarrollándose además, una política de bienestar social para todo el pueblo y en donde los trabajadores cubanos reciban salarios dignos y justos que garanticen plenamente su mantenimiento y el de sus familias. O sea, una patria con vida digna y libertad para todos los cubanos.

*Sergio A. Ramos es un cubano exiliado en Puerto Rico. Abogado especializado en temas de inmigración y miembro de la Mesa de Coordinadores del Encuentro Nacional Cubano.

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