LOS DEPREDADORES DEL PUEBLO

Por: Lcdo. Sergio Ramos

Hace sesenta y dos años arribó al poder en Cuba un grupo de personas que escondidos tras la máscara de “libertadores” se apropiaron del país para convertirlo en su feudo privado, esclavizando a todo un pueblo, creando una exclusivista casta inamovible alrededor de la alta cúpula de un único partido, el Partido Comunista de Cuba, y que ahora traspasa sus usurpados poderes a sus allegados, herederos y descendientes. Mientras hay un pueblo sumido en la más profunda miseria como resultado de la indolencia y menosprecio de dicha enriquecida casta.

Justo al cumplirse el 62 aniversario de esa Gran Estafa llamada “revolución”,          —como lo llamaría Eudocio Ravines—, el país atraviesa por una seria crisis económica. Cuba padece de una grave escasez alimentaria, y una clara bancarrota que motivó a la privilegiada casta gobernante a tomar medidas económicas asfixiantes para el pueblo.

Las regulaciones fueron tomadas bajo un alevoso y perverso engaño al pueblo, toda vez que la dictadura primero, subió los salarios para luego sorprender a la población con una exorbitante y desproporcionada alza de los precios de los productos y los servicios públicos básicos, a niveles tales, que los recién aumentados salarios de los trabajadores no alcanzan para su sustento. 

Como primer paso, la dictadura estableció arbitrariamente una tasa de cambio de 24 pesos nacionales por dólar, eliminando el peso convertible o CUC y prohibiendo  la tenencia y circulación de divisas extranjeras, para entonces , en un maquiavélico rejuego, subir dramáticamente los salarios, y pocas semanas después, subir exorbitantemente los precios de los productos alimenticios y de primera necesidad, así como el costo de los servicios de agua, luz y gas a niveles que resultan impagables para el ciudadano promedio. El salario promedio subió de 740 pesos nacionales a 2100 pesos nacionales equivalente a un 284 %, mientras la canasta alimentaria promedio aumentó un 338 %

Una inflación premeditadamente impuesta por la casta gobernante que añade un gran peso a las graves penurias que desde hace mucho tiempo sufre el pueblo cubano. 

El efecto que tendrá sobre el resto de los ya deteriorados renglones socio-económicos es incalculable. 

En el reglón de la vivienda el país viene sufriendo desde hace años una grave escasez que día a día se incrementa debido a la ineficiencia gubernamental en suplir la demanda de nuevas viviendas y al estado ruinoso de las edificaciones actuales a causa de la falta de recursos y materiales de construcción para el mantenimiento adecuado de los hogares, convirtiéndose en trampas mortales para sus habitantes debido a los derrumbes. Para el año 2017 se estimaban unos 2.6 millones de cubanos afectados por falta de vivienda o residiendo en edificaciones con precarias y ruinosas condiciones. Esa cifra necesariamente ha aumentado dado el acelerado deterioro de muchas viviendas en Cuba. 

En el ámbito de la salud, es alarmante la escasez de medicamentos y el paupérrimo estado de los hospitales destinados a brindar servicios médico-hospitalarios al pueblo; en donde es notorio la falta de asepsia, de medicinas y de condiciones adecuadas para atender la salud del pueblo. Al tiempo que el régimen utiliza a los médicos como mercancía para enviarlos a otros países a cambio de recibir millones de dólares mientras a estos trabajadores de la salud se les paga un salario de miseria, en lo que constituye una clara explotación y tráfico humano, como han señalado varios organismos y ONG internacionales de Derechos Humanos. 

El anunciado nuevo sueldo promedio de los médicos cubanos será de 5810 pesos nacionales, lo que representan unos $242 dólares al mes. Sin embargo, la clase médica en Cuba es una de las más explotadas por el estado, sobre todo porque son utilizadas como mercancías, representando un lucrativo negocio para el régimen y sus personeros. Así recientemente, Cuba enviará 220 médicos a Panamá para combatir el Covid-19; por los cuales el gobierno panameño pagará $591,197 dólares al mes, o sea $2,687 dólares mensuales por cada médico cubano, pero la dictadura les quita a los médicos entre el 70% y el 90%, lo que equivale que recibirán entre $806 a $269 dólares que serán entregados a estos en devaluados pesos nacionales.

Como parte del atroz robo al pueblo, el régimen elimina la moneda convertible (CUC) y prohíbe la circulación de divisas congelándoles las cuentas bancarias, obligándolos a cambiar sus ahorros en pesos nacionales. Las divisas quedaran solo en manos del estado. 

Del mismo modo, para que todo dinero en divisas que los exiliados envían a sus necesitados familiares en Cuba, quedará en las arcas del régimen, quienes a su vez entregarán los dineros a los cubanos residentes en Cuba, en devaluados pesos nacionales luego de descontados los impuestos y gravámenes que impone el estado.  Esto implica que, por este concepto, se estima que la dictadura retendrá en divisas entre $1,500 a $2,600 millones de dólares de las remesas. 

Simultáneamente, el régimen mantiene una política de restringir el progreso económico de aquellos ciudadanos que tratan de establecer su propio pequeño negocio. Los agricultores y los cuentapropistas son víctimas de constantes confiscaciones de sus productos e ingresos, además de estar sujetos a altos impuestos, y ahora, se les suma el desproporcionado aumento en los costos de sus mercancías y los gastos operacionales a causa de la nueva normativa depredadora de los ingresos del pueblo que está imponiendo el régimen.

Todo este draconiano escenario va acompañado de un incremento de la represión contra aquellos ciudadanos que legítimamente protestan contra los abusos del poder del régimen, como parte de una política de terror de estado contra los ciudadanos.

Y mientras el pueblo se ahoga en la miseria creada por el régimen dictatorial, minoritaria la casta regente, se enriquece a costa de la explotación de los trabajadores cubanos y la depredación de los dineros del pueblo, amasando grandes fortunas en los bancos de los paraísos fiscales.

Es notorio ver a los miembros de la minoritaria casta gobernante residiendo en suntuosas mansiones otrora expropiadas — mejor dicho, robadas— a sus legítimos dueños y haciendo alarde de festines con suculentas comelatas con alimentos insospechados para los empobrecidos ciudadanos.

Así, por ejemplo, la fortuna del tirano Fidel Castro al morir fue de $900 millones de dólares depositadas en paraísos fiscales, según reveló la revista Forbes. La de Raúl Castro hace unos años fue calculada en $500 millones de dólares. Alejandro Castro se le ha visto en un yate de lujo, cuyo valor es de varios millones de dólares, viajando por las islas griegas, por citar algunos casos.

La cúpula gobernante posee hospitales, para la atención exclusivas de ellos y sus familiares, los cuales cuentan con los más modernos equipos y están bien dotados de toda clase de medicamentos, como es el caso del CIMEQ en La Habana.

Cuba está regida por una minoritaria casta depredadora de las riquezas y el bienestar de todo un pueblo al que tienen sometido bajo una despiadada dictadura totalitaria.

Ellos, y nadie más que ellos, son los principales responsables del sufrimiento y la miseria de todo un pueblo. Ellos son la génesis y raíz del mal que achaca a Cuba y ante lo cual, los cubanos todos, unidos como un solo pueblo, tenemos que extirpar de raíz para alcanzar la libertad y el progreso.

San Juan, Puerto Rico a 28 de diciembre de 2020

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