Huelga de hambre: estrategia y protesta pacífica en la historia del cubano Guillermo Fariñas

En el caso del Movimiento San Isidro, ‘el Gobierno cogió miedo a que la bola de nieve siguiera creciendo y eso determina la intervención militar que vimos’, considera el opositor.

BORIS GONZÁLEZ ARENASLa Habana 18 Dic 2020 – 13:40 CET (Publicado originalmente por Diario de Cuba)

Guillermo “Coco” Fariñas Hernández (Santa Clara, 1962) es una de las figuras más representativas de la oposición al castrismo. En las últimas tres décadas dedicadas a la lucha por la democracia en Cuba destaca en su caso un elemento esencial: la utilización de la huelga de hambre como método de reivindicación de derechos.

La cantidad de huelgas realizadas, y los éxitos obtenidos por su medio, convierten a Fariñas en una referencia más allá de nuestras fronteras.

En estos días, en que la huelga de hambre fue reanimada por el Movimiento San Isidro (MSI) para exigir la libertad de Denis Solís, y por Roilán Álvarez Rensoler para obtener la libertad propia, resulta propicio volver sobre la historia de Guillermo Fariñas. También, escuchar su valoración de los sucesos relacionados con el MSI.

¿Cómo comienza tu militancia anticastrista?

Yo empiezo mi militancia como opositor en La Habana, en el Bloque Democrático José Martí (BD-JM), en 1992. Lo dirigía el profesor de literatura, hoy exiliado, Orlando Morejón Vitón. Soy miembro de ese bloque cuando hago mi primera huelga de hambre, a propósito de la denuncia por corrupción que realizo contra Ana Lourdes Goire Wilson, directora del Hospital Infantil Pedro Borrás Astorga y miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Entonces yo era el Secretario General del Sindicato de los Trabajadores de la Salud del hospital, sindicato oficialista. Un día salí de una reunión directo a la estación policial de L y Malecón para denunciarla. Ahí me dejan encerrado, me planto en huelga de hambre, y a los tres días me sueltan. Yo estaba haciendo el doctorado en Ciencias Psicológicas y era profesor adjunto de Psicología en la Facultad de Ciencias Médicas del Hospital Manuel Fajardo.

El 22 de febrero de 1996 el castrismo mete en prisión una gran cantidad de opositores. Eran las vísperas del 24 de febrero, fecha en que se anunciaría la conformación de Concilio Cubano, la plataforma que agrupó a numerosas organizaciones democráticas de la Isla y el exilio. Entonces no lo sabíamos, pero ese día serían derribadas las avionetas de Hermanos al Rescate. A mí me llevaron para L y Malecón de nuevo, había muchos opositores allí. Yo me declaré en huelga de hambre por siete días. Me engañaron, pues me dijeron que era verdad lo de la corrupción de la directora del hospital, pero que tenía que comer para acusar. Empecé a comer, y lo que estaban era esperando eso para llevarme para la prisión de Valle Grande.

Al décimo mes de estar en Valle Grande hice mi tercera huelga de hambre. Querían invisibilizarme, y con esa huelga me dieron la fianza hasta el juicio. Me condenaron a 11 meses por convicción moral de los jueces.

O sea, que esa fue tu tercera huelga de hambre y tu primera prisión política

Así es. Cuando salí, como no querían procesar a la directora, me declaré en huelga de hambre con un cartel frente al Hospital Pedro Borras; hablamos de enero de 1997. Esa fue una huelga de ciento y pico de días, empezó en enero y terminó el primero de mayo. Antes de declararme en huelga yo avisé a Lucía Newman, la periodista de CNN, que estaba en Cuba. Ella estaba filmando aquello y ellos no lo sabían. Cuando salió en la televisión internacional fue un factor de presión sobre el Gobierno cubano.

Esa pelea yo la gané. Carlos Dotres, que era el ministro de Salud Pública, fue a verme para decirme que la directora había sido sancionada. Se me prometió que podría acusarla cuando me recuperara. Cuando fui a acusarla me dijeron que la directora había ido a trabajar al exterior. De esa huelga yo quedé en sillón de ruedas, necesité fisioterapia para la recuperación.

¿Por qué adoptas la huelga de hambre como método de protesta?

La huelga de hambre es un método no violento para llamar la atención de la opinión pública sobre un tipo determinado de abuso. En la Cuba castrista se hicieron varias huelgas de hambre dentro del Presidio Político Histórico de los anticomunistas originarios; incluso existen nueve prisioneros muertos en huelga, el más emblemático de ellos es Pedro Luis Boitel. Yo simplemente soy un sucesor de aquellos primeros huelguistas de hambre anticastristas y mi único mérito, si es que tengo alguno, es sacar a las huelgas de hambre de los predios carcelarios y ponerlas en las calles de Cuba.

Después que consigues que la directora del Hospital sea retirada de su puesto ¿qué otras huelgas realizas?

El 17 de octubre de 1997 comienza un ayuno colectivo por la libertad de Daula Carpio Mata, que era la coordinadora para la región central del Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, afiliado a la Fundación Andrei Sajarov. Yo fui asesor de ese ayuno. Todavía andaba en muletas y hacía fisioterapia.

El ayuno fue reprimido el mismo día que llegaron los restos del Che a Santa Clara. A ellos los recogen y los condenan a 18 meses de prisión. A mí inicialmente no me condenan, pero cuando me detienen con violencia en febrero de 1998, pues la huelga de ellos se había extendido en prisión, me declaro en huelga de hambre e ingreso de inmediato en el hospital. Entonces comienzo los trámites para ir a pasar la huelga a mi casa y el capitán Eduardo Castellón, que eran entonces el jefe de la Unidad de Enfrentamiento a la Actividad Subversiva Enemiga en Villa Clara, trae un acta de sentencia en la que aparecía que yo estaba condenado a 18 meses de prisión.

O sea, ellos fueron y le dijeron a un juez que me condenara para que no me pudiera ir del hospital. Ahí me paso 18 meses en huelga de hambre, con alimentación por vía intravenosa. Fue en esa huelga que se me cayó el pelo, se me empezó a caer la barba, y cuando salí estuve tres años en sillón de ruedas. En el perfil mío es una de las huelgas más duras. Iba y venía de la sala de terapia intensiva a la de penados.

El 2 de octubre de 2002 yo pasaba frente a la casa de Juan Francisco Fernández Gómez, el agente Félix. Él fue entrenado en la Unidad Especial del GRU soviética “El Molino”, sita en el Km 14 de la carretera de Santa Clara a Sagua la Grande, donde se creaban guerrillas falsas para ser introducidas en El Escambray. Fueron creadas para cometer violaciones de todo tipo y hacer propaganda negativa a las guerrillas legítimas que luchaban por la libertad de Cuba.

Él me ofendió, discutimos, y me atacó con una espátula y me cortó el brazo. Yo le di un golpe. Por esa agresión me llevan para la prisión y allí me declaro en huelga de hambre. Hice una huelga de 14 meses. Esa vez me pusieron una manguera directa al estómago y venían con un plato de caldo tres veces al día y me lo pasaban por la manguera. Estaba amarrado a la cama. Ese proceso de pasarme el alimento iba acompañado de burlas. Yo me hice el que aceptaba la situación. Ellos se confiaron y me desamarraron. Como al segundo día esperé que fuera de madrugada y me arranqué los tubos que tenía conectados al estómago. Lo hice para amanecer muerto. La salvación fue que otros presos vieron que sangraba y me llevaron para terapia intensiva.

Entonces me llevaron para La Habana, a la sala de penados por delitos contra la Seguridad del Estado, del Hospital Carlos J. Finlay. Allí todos los médicos son de Villa Marista. Me llevaron a Santa Clara para hacerme el juicio, me condenaron a siete años por el delito de atentado, y me regresaron para La Habana. Salí el 5 de enero de 2004 y cumplí el resto de la condena en la calle. De esa huelga es la foto de perfil mía en Facebook, yo pesaba al entrar 84,1kg y salí con 48.7kg.

En 2004 hice una huelga porque a mi mamá le habían asignado un teléfono y no se lo ponían. Ella había sido vanguardia nacional, combatiente internacionalista, y había colaborado como enfermera con el 26 de Julio.

Hice otra porque todos los cubanos tuvieran acceso a internet, en 2006. Obtuve el Premio Reporteros sin Fronteras y el Premio a los Derechos Humanos de la ciudad de Weimar por esa huelga.

En febrero de 2010 muere Orlando Zapata Tamayo.

¿Tú lo conocías personalmente?

Sí. Yo conocí a Orlando Zapata Tamayo cuando estaban haciendo la restauración del Hotel Sevilla de La Habana Vieja. Él pertenecía a las brigadas que traían de Oriente para la reconstrucción del Hotel.

Cuando aquello se hacían las Tertulias Democráticas en el Parque Central. El Gobierno movilizaba a esos constructores para golpearnos. Orlando oye lo que hablábamos allí y nos da la razón. Entonces lo expulsan de la brigada y de La Habana. Él regresa para la casa de un familiar que tenía en La Habana y se incorpora a la oposición.

Era una gente ávida de conocimientos. Como era un hombre al que le gustaba leer, lee en la cárcel La prisión fecunda, donde se describen las condiciones que tenían en la prisión de Isla de Pinos los asaltantes a los cuarteles Moncada y Carlos M. de Céspedes. Cuando la lee, dice que no come más hasta que no le den las mismas condiciones de prisión que tenían los presos de Isla de Pinos que asaltaron el Cuartel Moncada, especialmente Fidel Castro.

En la prisión de Camagüey, el teniente coronel Julio César Bombino, que era el oficial de la Seguridad del Estado que atendía las prisiones en esa provincia, le dice “si no comes te quito el agua”, y está 17 días sin agua. Cuando viene para La Habana tenía parálisis renal irreversible.

Yo hago la huelga porque Orlando Zapata hizo un sacrificio importante por los derechos humanos en Cuba. Además, si no pasaba nada, se corría el peligro de que hubiera más muertes. En ese momento había 26 miembros del grupo de los 75 que estaban muy enfermos. Yo me declaro en huelga también para que liberen a los enfermos.

Elizardo Sánchez va a verme y me dice: “no vayas a decir cuáles son los enfermos porque los van a soltar y los otros se joden”. Si él no me da esa picardía, hubieran soltado solo a los enfermos. Al final soltaron a 116 presos. De los 75 quedaban 52 en prisión, soltaron a esos y a otros presos hasta totalizar 116.

Yo le di la potestad a las Damas de Blanco para que ellas negociaran en mi nombre. Había caído en terapia intensiva desde el noveno día de la huelga de hambre, fueron en total 135 días de huelga. Lo que me mantenía vivo era una manguera conectada a la subclavia, por ahí me introducían dextrosa, vitaminas, antibióticos, siempre diluidos en agua.

Había exigido, para dejar la huelga, que los presos llegaran a Madrid y que se emitiera una nota de prensa. Cuando confirmé la llegada del primer grupo y en la televisión nacional leyeron la nota de prensa anunciando que liberarían al resto de los presos políticos, dije “voy a empezar a ingerir alimentos”. Aquello fue una fiesta. El primer día, cada media hora, tomaba una cucharada de agua. Después una cucharada de jugo cada media hora durante dos días. Y luego una cucharada de caldo, cada media hora, por tres días. Eso me daba desmayos, sudoraciones, dolores de cabeza, porque el organismo tenía que empezar a asimilar todo eso.

Después de esa huelga de hambre hiciste por lo menos una más.

Hice una en el 2011, la suspendí porque algunos de los presos del Grupo de los 75 acabados de salir de prisión que se quedaron en Cuba me presionaron emocionalmente, afirmando que se iban a declarar en huelga de hambre si yo la mantenía, y ellos estaban enfermos. En 2016 hice otra que duró treinta y pico de días para forzar la observancia de la Unión Europea de su compromiso con los derechos humanos en las negociaciones con el Gobierno. Esa huelga la interrumpí por un engaño. Aparentemente estuve conversando con el presidente del Parlamento Europeo, incluido un intérprete, y después resultó un engaño de la Seguridad del Estado, pues llegaron hasta a usurpar una página web del Parlamento Europeo con la falsa Enmienda Fariñas. Todo fue una desinformación que me llevó a deponer la huelga de hambre.

¿Qué opinión te merece la opción de Luis Manuel Otero Alcántara y el MSI de plantarse en huelga de hambre, y en su caso de sed, junto con otros siete activistas, para demandar la libertad de Denis Solís?

Los jóvenes del MSI y su líder Luis Manuel Otero demostraron una gran solidaridad por Denis Solís. El Gobierno le cogió miedo a que esa bola de nieve siguiera creciendo y eso determina la intervención militar que vimos.

El ayuno no es constitutivo de delito en ninguna parte del mundo, y no lo es en Cuba, así que la acción no tenía justificación alguna. La posición del FANTU (Frente Antitotalitario Unido) es que todo lo que vaya contra el castrismo hay que apoyarlo. Es además la posición de la coalición Compromiso Democrático a la que se adscribe el FANTU.

Con lo que no contó el Gobierno, desde mi punto de vista, fue con la reacción de los jóvenes artistas. Yo creo que, al volar los puentes de diálogo, el Gobierno está tratando de no sentar un precedente de que con el que proteste dialoga. Quieren mantener la cotidianidad totalitaria de gobernar sin contrapartes ni rendir cuentas.

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