Crónica de un anunciado asesinato

Esa mañana del 20 de septiembre del 2019, el cristiano evangélico Guillermo del Sol Pérez se sintió en su alma al despertarse, que perdería el conocimiento en cualquier instante. El opositor no violento hablaba con sus familiares, hermanos de lucha o vecinos, pero aunque no les decía nada, había momentos en que dejaba de verlos por fracciones de unos  angustiosos segundos.

Era el día 40 de su huelga de hambre con alimentos sólidos, exigiéndole al Neo-Raulista, que cumpliera el Derecho Constitucional de poder salir y regresar a su país, cuando cada ciudadano quisiera. El detonante para exponer su vida fue, cuando la Dirección de Contrainteligencia del MININT le negó viajar a un encuentro de líderes religiosos jóvenes a su hijo Adrián del Sol Alfonso.  

Unos 15 minutos antes de las 10:00 am, le pareció que se iba cayendo en un abismo profundo y sin fin, pero lo que más le llamó su atención, era que la caída parecía en cámara lenta y como si su cuerpo flotase. Pero lo mayor interes de todo, es que aunque sus ojos estaban con su cuerpo, él podía ir observando como su carne y sus huesos se precipitaban con en un filme de terror. 

De pronto; Guillermo sintió unos gritos muy lejos y la luz de su ojos se apagó, como si tuviese un cortocircuito conciencial y aunque no quería que ocurriese, nada podía hacer para detener lo que estaba pasando. Ya no era él y su conciencia se rindió, ahora era sólo su cuerpo tomado muy a prisa por varias manos fuertes que lo levantaron y acostaron sobre algo con olor a alcohol y medicamentos.  

Todavía no sabe cuánto tiempo discurrió, pero sus ojos se volvieron a conectar a la vida con mucha lentitud, y lo que más le llamó su atención, fue la manera en que le dolían sus ojos al intentar mirar focos encendidos. Un poco después se percató, que su único hijo Adrián lo miraba con ese dolor de la angustia por un ser amado, su alma se aflojó, mas también se reafirmó, que tenía que continuar.  

Unos minutos más adelante; comprendió que se encontraba en el Cuerpo de Guardia del Hospital Nuevo de Santa Clara, sintió que todas sus articulaciones y su cabeza le dolían muchísimo. También se percató que le pasaban dos sueros por sus venas, y cuando su  curiosidad le picó, entonces, pudo leer, que le metían con tremenda prontitud a su cuerpo Solución Salina y Dextrosa.  

Pudo ver como vino una doctora y tras examinarlo con detenimiento y meticulosidad, afirmó autoridad: “Este paciente está muy mal, porque todos sus síntomas me dicen, que padece de una Acidosis Metabólica y eso es gravísimo, hace falta ingresarlo urgentemente en la Sala de Observación y llamar con urgencia a la Sala de Terapia Intensiva para que sea valorado por los médicos de allí”.  

Del Sol oyó las apuradas ruedas de la camilla que iba trasladándolo y cuando se detuvieron ante una cama, leyó, que era la número 2 de la Sala de Observación y después se percató, que casi sin esfuerzos,  lo habían acostado. A partir de ese momento, otros varios galenos, enfermeros y paramédicos lo examinaron, le hicieron preguntas y se preocuparon con mucho respeto por su estado de salud. 

Pero como por arte de magia los médicos antes referidos fueron desapareciendo y llegó un galeno, que primero dijo llamarse Adrián y después aseguró nombrarse Yoel, algo muy sospechoso para una opositor veterano como Guillermo. Puesto que a partir de la “atención” del médico Yoel sin más apellidos, todo cambio abruptamente y ya el ayunante no tenía una situación crítica de salud. 

El “doctor” Yoel manipuló la aguja por donde bajaban los sueros directamente a las venas paupérrimas de Guillermo del Sol y como su fuese un hechicero y no un médico, los conductos sanguíneos se obstruyeron y se fue inflamado una gran pelota en la vena pinchada. Así el sospechoso galeno dio la orden de darle un Alta Médica “sumarísima” al adversario del Castrismo y su sistema de gobierno.  

Ante esta crueldad deshumanizante Adrián del Sol Alfonso alzó su voz para protestar, porque los médicos preocupados y respetuosos de sus pacientes -sin interesarles las ideas políticas de éstos- habían sido convenientemente “desaparecidos” de la escena. Cuando el hijo de su padre intentó buscar al Vicedirector de Guardia, para que revocara el Alta Médica.  

Ya eran las 3:40 pm, cuando a la Sala de Observación del Hospital Provincial Universitario “Arnaldo Milián Castro” entraron sin pedir permiso o anunciarse, como una tromba 6 forzudos efectivos de la Brigada Especial del Ministerio del Interior en Villa Clara -antimotines- y rodearon a Guillermo y Adrián. Los brigadistas con sus boinas negras destilaban odio y prepotencia por sus ojos.  

Después fue que se entró con pasos de felino hambriento el Mayor de la Seguridad del Estado Daniel González Rojas, Jefe del Departamento de Enfrentamiento a la Actividad Subversiva Enemiga en Villa Clara. Daniel iba vestido con ropas civiles y era acompañado por una mujer joven, quien se presentó como la Capitana Camila, sin apellidos, el oficial con una media sonrisa se acercó a Guillermo.  

A unos 25 centímetros de Guillermo del Sol Pérez, el Mayor Daniel, le acotó al huelguista de hambre: “Te traigo un mensaje del General de Ejército Raúl Castro Ruz, el te dice, que los hospitales cubanos y sus recursos no son para gente como tú. Que tu debes morirte en tu casa como un perro”. Tras asegurarse de que el mensaje había sido bien comprendido, el represor se separó del paciente con rapidez.  

Como sintió su dignidad como ser humano mancillada, Guillermo del Sol le respondió al represivo: “Dígale a su General que no ha ganado ninguna batalla, que aceptó el reto, que me voy a morir, pero la peste de mi cadáver va a derribar al régimen más abusivo de América y que sí,  que me moriré en mi casa como muere un perro, pero un perro de pelea, porque Guillermo del Sol morirá peleando”. 

Frente a esta respuesta inesperada y “desestabilizadora” para el poder mediante el terror, al Mayor Daniel González Rojas solamente le quedó una palabra represiva, cuando les ordenó a los “Gallitos Negros” de la Brigada Especial del MININT: “Procedan”. Con prontitud y violencia Guillermo y Adrián del Sol fueron arrastrados por el piso unos 80 metros, hasta montarlos en un microbús.  

Ambos resultaron trasladados hacia su hogar en el humilde y periférico barrio “Brisas del Oeste”, no sin antes ser robados descaradamente, cuando en la confusión del violento arresto les fueron quitados a la fuerza sendos teléfonos móviles, de los que son propietarios. Los pocos sueros pasados al ayunante, sin dudas lo reanimaron en aceptarle el desafio a Raúl Castro.  

Allí yace: en una cama de madera de desecho, con paredes de madera y bloques sin repello, con asientos desfondados, en ese lugar un compatriota, que hoy representa a la dignidad y el desafío al régimen totalitario de La Habana. Me dijo Guillermo cuando arribé a su hogar tras un copioso aguacero: “Me estimuló el reto de Raúl”. Ojalá no sea, la crónica de un anunciado Pre-Asesinato de Estado. 

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