Los hombres que le hacían sombra a Fidel. Por: Ramiro Gómez Barrueco

Los hombres que le hacían sombra a Fidel.

Ramiro Gómez Barrueco
Ex preso político. Escritor. Empresario.

Cada vez son menos las flores que el gobierno castrista lanza al mar, al inicio del mes de noviembre, en memoria del legendario héroe revolucionario Camilo Cienfuegos. La realidad es que tratan de ocultar, con pétalos y perfumes, la sangre derramada del Señor de la Vanguardia. Sigue sin respuesta la teoría que señala como culpables al “Héroe de la Retaguardia” y al heredero del trono totalitario.
Pero como una gota de sangre no se borra con una tonelada de flores, la juventud cubana no se ha creído el cuento infantil de la avioneta que se esfumó entre nubes de retórica barata. El telón del acto teatral cayó cuando el dueño de la fábrica de aviones 300 CesnaSL ofreció un millón de dólares al que lograra hundir, con cualquier arma convencional, ese tipo de nave aérea.
La ubicua propaganda del Régimen evidentemente presenta grietas que se harán más profundas en la memoria colectiva del pueblo cubano. Tiempo, información y comparación erosionan decisivamente el voluptuoso manto rocoso de la obnubilación. Ninguna de las diez jóvenes menores de 30 años, llegadas recientemente, que trabajan en mi empresa, se creyeron integralmente el cuento, y más de una sospechaba del innombrable asesino. Dudaron a pesar de ignorar que existieron al menos doce misteriosas muertes de revolucionarios que desaparecieron investigando la avioneta invisible. Creo en las diez jóvenes porque no me han ocultado su admiración por Ernesto Guevara, tan bonito y tan bueno…
Quedé sorprendido cuando una de ellas me dijo que su esposo, también admirador de Guevara, creía firmemente que “El Che” fue asesinado indirectamente por su ex comandante en jefe. Hay varias razones poderosas: si Camilo era su sombra nacional, El Che era su sombra continental e internacional. Ernesto era trotskista mientras su potencial verdugo era estalinista. Castro le dio un radio trasmisor que no transmitía pero recibía ¡órdenes! Monje, el jefe del Partido Comunista Boliviano, le negó rotundamente la ayuda. Algunos creemos que ambos delataron la trayectoria del Che.
Las diferencias ideológicas entre Guevara y Castro eran notables. El argentino creía fervientemente en La Revolución Internacionalista Permanente de Trotsky; el cubano era estalinista dogmático, nacionalista pro ruso. El Che, como Trotsky, odiaba el totalitarismo de Stalin, a los sumisos comunistas europeos con sus rígidos moldes, y aparentemente defendía el criterio trotskista de que el socialismo era insostenible sin democracia…. Su ideología fue expuesta por el mediocre seudofilósofo Regis Debray en su ensayo Revolución en La Revolución. ¡Tan lejos de ser la reencarnación de León Bronstein Trotsky!
El revisionismo de Trotsky permitió a Rusia y China paliar sus hambrunas con el sistema de libre empresa, aunque sin otras libertades. Algo es más que nada. La violencia sanguinaria incontenible del Che y su intolerancia extremista contra los derechos ciudadanos, contradecían en gran manera el espíritu trotskista original. Guevara y Debray radicalizaron lo peor del Trotskismo; eran trotskistas en marcha atrás.
Pero el mal de fondo es más profundo. Las leyes de la dialéctica, basadas en la filosofía de Heráclito de Éfeso (576-480 a.J.C.) que planteaba que todo está en constante cambio o movimiento, contradicen la endeble filosofía leninista. Los leninistas sostienen que la ley dialéctica: “la suma de los cambios cuantitativos produce cambios cualitativos”, no se cumple al llegar al establecimiento de la sociedad comunista, porque ésta es tan perfecta que sus contradicciones son intrascendentes.
El principio de identidad del pensamiento lógico afirma que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo. Si todo cambia y se mueve no puede existir algo que no cambie, que no se mueva. Lenin detuvo el movimiento nada menos que en la sociedad. Existe un ser inmóvil y absoluto: el comunismo.
Después de tanto bogar encalló en los arrecifes metafísicos absolutistas; comulgando con quienes le dieron la victoria a Parménides de Elea sobre Heráclito de Éfeso, en ese maravilloso duelo intelectual del pensamiento helénico. La metafísica, entonces, se coronó campeona de los pesos pesados filosóficos frente a la dialéctica.
Ser o no ser. O aceptas el concepto dialectico de La Revolución Permanente o niegas la dialéctica abrazando el inmóvil dogma comunista.

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