Solo con derecho a leer la versión conveniente a los gobernantes (II y Final).

Por: Guillermo Fariñas Hernández.

La Chirusa, Santa Clara, Villa Clara, 29 de julio de 2017; (ECA). Tras la toma del poder ejecutivo por parte de Fidel Castro, y como se conocía que él era un acérrimo anticomunista, a Gustavo Arcos Bergnes se le asignaron tareas diplomáticas en el exterior para sacarlo de la Isla. Por si las dudas, él personalmente abordó el tema con el mismísimo Fidel y éste le juró, que Cuba no iba hacía El Comunismo, y le pidió que confiara en su palabra.

Fidel Castro logró que Gustavo Arcos confiara en sus promesas espurias, lo engañó como el hombre integro y de bien que era el hijo de Caibarién. Y según el mismo me confesó a principio de los años 90 del pasado Siglo XX, ese fue su gran error, el llegar a pensar y juzgar a todas las personas por la veracidad que él les otorgaba a las suyas; sin sentarse a pensar, que para existan seres humanos creíbles deben también haber mentirosos.

Frente a la palabra empeñada ante él por Fidel Castro, Gustavo Arcos prefirió no inmiscuirse en las luchas internas dentro del gobierno que había acabado de acceder al poder y se dedicó a fortalecer a la Revolución Cubana fundamentalmente en Europa. Continente donde ejerció como apasionado diplomático e intentó convercer a las Democracias Representativas europeas, de la buena voluntad y de Fidel Castro y la Revolución Castrista.

Sin embargo; el 16 de abril de 1961, le cayó un cubo de agua fría, cuando Fidel Castro de una manera cinica declaró horas antes de la Batalla de Bahía de Cochinos o Girón. En esta comparecencia donde aseguró públicamente que en Cuba se construía el Socialismo y que él mismo siempre había sido un socialista convencido

Ante esto; Gustavo Arcos Bergnes se sintió timado por Fidel y regresó lo más rápido posible  a la Patria de su puesto como Embajador de Cuba en Bélgica y pidió entrevistarse con Fidel Castro. Tanto en la embajada cubana en Bruselas como ya al arribar a la Isla, Gustavo Arcos mantuvo la ecuanimidad y no expresó sus verdaderos sentimientos, pues ya en Bélgica había detectado una vigilancia extrema pero sutil sobre él.

Existe una interesante actitud de moralidad con respecto a Gustavo Arcos Bergnes, puesto que éste gran cubano cuando regresaba desde Bélgica hacía La Habana por vía aérea, resultó interceptado por oficiales de la CIA en un aeropuerto donde hizo escala su avión. Éstos señores le advirtieron a Arcos Bergnes, que si continuaba viaje terminaría preso, que mejor desertaba y él les contestó: “A Fidel alguien tiene que decirle mentiroso, recuérdensen que yo tengo un hermano muerto”.

Ese líder que personas como la profesora Mercedes Rodríguez -y con todo su derecho- denominan Comandante en Jefe, estuvo casi seis meses para recibir a Gustavo Arcos, y aunque poseía todo el poder, le temía a su antiguo Tesorero y evitó enfrentarlo. Porque una cuestión es la fuerza bruta y otra bien distinta es la fuerza moral, y dudas a Gustavo le sobraba de la segunda, y esto lo hacía peligroso.

Porque Gustavo Arcos se negaba a decirle a varios provocadores enviados por Raúl Castro y Ramiro Valdés, sobre qué quería conversar con Fidel. También rechazó cualquier otra destinación diplomática, si antes no hablaba con el estafador a cargo de la Revolución, con el mismo hombre que no se atrevía a darle la cara a este empecinado hijo de la democracia.

Finalmente; Fidel Castro se entrevistó con Gustavo y éste la palabra más decente que le gritó fue: “Traidor” y le recordó al Stalin Tropical, que él había perdido a su hermano Luis en la lucha y que en el M-26-7 nunca se habló de implantar El Comunismo en Cuba. Estas verdades lanzadas al rostro del Líder Histórico de la Revolución fueron las que lo encarcelaron, algo de lo que jamás se arrepintió.

La Historia de Cuba sobre el patriota Gustavo Arcos Bergnes otros también pueden contarla e interpretarla de otra manera, como es el caso de la profesora Mercedes Rodríguez García, lo que no se debe hacer es ocultar fragmentos de la Historia. La Historia debe ser tratada como una ciencia y los investigadores científicos están en la obligación de ser ante todo objetivos, y decir virtudes y defectos de las personalidades históricas.

Un amigo ya muerto que leía literatura política e histórica siempre me recomendó, en cuanto al tema de la interpretación de la Historia, fuese de Cuba u Universal, que tratara de leer todas las versiones históricas de un mismo evento o personaje y después aceptar la que más me convenciera. Lo peor es que en Cuba los periodistas oficiales u oficialistas consideran a sus lectores solo con derecho a leer la versión conveniente a los gobernantes.

 

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