​Análisis del Embargo al gobierno castrista: Su Aspecto Moral.


Por: Guillermo Fariñas Hernández.
La Chirusa, Santa Clara, Villa Clara, 5 de mayo del 2017, (ECA).

Ya ni los interesados en derribar El Embargo Comercial, Económico y Financiero del gobierno de los Estados Unidos de América se ocultan tras bambalinas. Ahora de pronto, y amparándose en el derecho de «Libertad de Expresión», residentes en países capitalistas defienden sus puntos de vista a favor de la eliminación incondicional.

En el oficialista periódico Granma del 13 de noviembre de 2014, se puede leer en la página cuatro y bajo el título: «Tiempo de reanudar relaciones EE.UU. – Cuba, dice editor del New York Times». Los periodistas del diario totalitario se basan en una entrevista concedida a la agencia de noticias BBC por el editor de las páginas editoriales del New York Times Andrew Rosenthal.

Esta es una temática controversial, porque involucra a muchos aspectos de la realidad cubana y mundial. No obstante, sería importante considerar que entre las variadas facetas de este contradictorio asunto, uno que muchas veces se soslaya en este tema político; que es el aspecto ético de la cuestión en sí misma.

Todo parte de la manida frase repetida hasta la saciedad por muchos ciudadanos en este mundo, quienes sin tener en cuenta los contextos y la calidad de las personas involucradas  aseguran: «La política es engaño, es cinismo y dentro de ella todo vale». Una afirmación que trae un sesgo desde su adopción, puesto que está demostrado que todos los actores políticos no son iguales.

Por desgracia esta manera de percibir el ejercicio de hacer reclamaciones y hasta lograr cambios políticos en cualquier parte de este mundo, predomina esta visión de buena parte de los que participan u observan el desenvolvimiento de la transición democrática en la Isla. O sea, son portadores de una visión pesimista y hasta apocalíptica del hecho. 

Sin embargo, existen un grupo de agentes de cambio hacia la Democracia Representativa, los cuales miran este asunto cubano como un problema patriótico y de compromiso con la historia de la Patria, en más de cinco décadas por lograrlo. Y muchos de estos han dejado buena parte de sus vidas en las ergástulas castristas y llevan años en la aceptación voluntaria de represiones.

No pocos opositores al régimen totalitario nacional se autoperciben como ciudadanos que están dispuestos a perderlo todo, incluida su integridad física, seguridad personal y la de sus familiares más cercanos… pero no su eticidad. Muchos de ellos lo demuestran con un natural desenfado en la praxis diaria de su combate contra el totalitarismo y sus representantes. 

Ellos miran con orgullo los destinos de los Padres Fundadores de la Patria, quienes al final de la batalla por la independencia alcanzada, muchos perdieron sus extensas y cuantiosas propiedades. Algo de lo que casi nunca se habla o escribe, pero que sucedió con aquellos sacrificados compatriotas y puede que también ocurra con los libertadores de esta época. 

Pero tenemos cubanos que dicen solicitar democracia para Cuba, quienes avizoran la obtención de estas transformaciones, como una mera empresa que les otorgará ganancias monetarias o un mediático prestigio personal. En ellos no existe el sentimiento de obligación bien arraigado de dar hasta sus vidas cuales servidores públicos. De todo hay en La Viña del Señor. 

Porque este dilatado enfrentamiento entre compatriotas, que pronto durará 58 años, ha traído que exista un segmento que éticamente nunca debería ser obviado: las víctimas. Debido a que en la salida a cualquier conflicto con negociaciones bien intencionadas, las indemnizaciones a los que recibieron perjuicios no pueden ni deben ser omitidas.

Si se solicita con énfasis la abolición del Embargo a través de un grupo de editoriales en un tan prestigioso diario como The New York Times, es algo lógico también valorar las indemnizaciones. Estas deben ser de carácter moral, social, político, legal y material, para aquellos que resultaron perjudicados por la Revolución Cubana, junto a los dañados por las acciones contra este proceso.

Negarse a no valorar públicamente los intereses de las víctimas de ambas partes, que es solo lo que hasta ahora han propuesto los editorialistas del periódico neoyorquino, no es otra cosa que encubrir a los victimarios. Estas sospechosas posturas de borrón y cuenta nueva son una soberana inmoralidad frente a todos aquellos cubanos que sufrieron, sufren y sufrirán al castrismo. 

Debe preguntársele al señor Rosenthal: ¿Quién va a pagar el desarraigo de su tierra natal de casi tres millones de cubanos y cubanas? ¿Con cuánto las autoridades castristas van a indemnizar a los familiares de los miles de fusilados? ¿Cuánto se les pagará a los cientos de miles de presos políticos? o ¿Cuándo se harán públicas las indemnizaciones morales a los miles de difamados?

Además, quedan otras interrogantes: ¿Cuándo los gobernantes castristas o sus sucesores van a reconocer públicamente que es un derecho poseer Propiedad Privada? ¿Cómo y cuándo estos van a explicarle a la ciudadanía que se equivocaron y ahora desean hacer negocios capitalistas? ¿En qué momento reconocerán que la represión más inhumana fue la que los mantuvo en el poder?

Existe una conjetura insoslayable: ¿Cuándo los castristas -hoy en el poder- dejarán a los ciudadanos en elecciones libres, plurales, que sean supervisadas internacionalmente, y sí los votantes cubanos les disculpan tantos errores o los sustituyen por otros compatriotas? Cuando el castrismo responda esta cuestión en la práctica, entonces comenzará a respetar su aspecto moral.

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