Con todos los anticastristas. Por: Guillermo Fariñas Hernández.

Con todos los anticastristas (II).

Por: Guillermo Fariñas Hernández.

La Chirusa, Santa Clara, Villa Clara, 24 de febrero del 2017, (ECA).

Aquellos de nuestros compatriotas que en algún momento determinaron aplicar la violencia como modo de liberar a la Patria de la tiranía, que aún la humilla, pudiéramos ser hoy nosotros, los anticastristas luchadores no violentos. Puede ser, que muchos de los que ahora luchamos con métodos de paz, de haber vivido en aquel instante, hubiéramos tomado las armas en la mano.

Es importante, acudir a la verdadera Historia de Cuba, y no a la Historia Manipulada de nuestra nación, donde vemos personajes esenciales del anticastrismo en el exilio, como Orlando Bosch Ávila, importante colaborador del M-26-7 o el D-13-3. Y ahora se les llama terroristas, pero mientras ponían bombas para el castrismo, fueron héroes de la Revolución.

O como es el caso del también difunto Comandante Luis Orlando Rodríguez, a quien apodaban El Flaco, él a su vez usó las metodologías violentas para combatir a la dictadura de Fulgencio Batista. No obstante a esto, y hasta su fallecimiento, ocupó el cargo de Presidente del Movimiento Cubano por la Paz, quien primero usó la violencia, y después trabajó por la paz.

O sea; al antiguo combatiente del M-26-7 e incondicional del castrismo, se le permite oficialmente expresarse y luchar por la paz en el mundo, a pesar de tener un pasado violento, mientras a Bosch Ávila o a sus similares se les tilda de “terroristas”, porque están en el otro bando político. Esto además de ser incoherente, es demasiado cinismo.

Preguntémonos: ¿Tienen o no derecho a cambiar de metodología violenta por la no violenta los antiguos combatientes por la libertad de Cuba, en cualquier bando ideológico que estén? o ¿Los antiguos militantes violentos que siguieron a los Castro a pesar del comunismo, son los únicos que pueden mudarse a no violentos, mientras sus adversarios políticos no tienen esa legitimidad?

Entonces; ¿Por qué estos antiguos combatientes prodemocráticos que en su momento histórico hicieron uso de los métodos violentos, ahora no pueden apoyar y formar parte de los que intentamos con hábitos no violentos la Democracia Representativa? Eso va contra la rectificación de los hombres o mujeres de este mundo, que pregonan todas las religiones y filosofías.

Tenemos a integrantes del castrismo o el anticastrismo, que en algún momento utilizamos la violencia estatal y legal contra otros seres humanos. Me refiero a los que participaron en las guerras pro socialistas en Angola, Etiopia o Nicaragua y sus adversarios ideológicos que aplicaron la violencia en los conflictos bélicos anticomunistas en Afganistán, Irak o Vietnam.

Así; los presos del Grupo de los 75, Jorge Olivera Castillo y Ángel Moya Acosta, el primero moderado y el segundo radical políticamente, no tendrían oportunidad de ser tenidos en cuenta en la transición por parte de las filas prodemócratas. Ya que fueron soldados del Afrikan Corp castrista que ocupó parte del Continente Negro e hicieron uso de la violencia allí.

De la misma manera; el hoy Vicepresidente Primero de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez y el ¿Coronel? Alejandro Castro Espín, tampoco podrían participar en la transición, pues el primero estuvo en la Guerra de Centroamérica en Nicaragua y el segundo resultó herido en Angola, respectivamente, donde ambos fueron militares portadores de la violencia.

Es cierto que, que ni Díaz-Canel Bermúdez o Castro Espín, tienen en sus personales curriculum vitaes las enormes cantidades de asesinados, fusilados, desaparecidos y encarcelados del difunto Fidel o Raúl Castro. Su gran ventaja es que sus manos no están manchadas de sangre, por lo tanto pueden ser parte de la transición democrática.

Otro tema que sería bueno aclarar, es que debemos ser trasparentes antes de la hora de sentarse a negociar entre autócratas y demócratas en una venidera transición. Es el asunto, de que los hijos o familiares cercanos no deben arrastrar las culpas de sus padres o tíos, porque jurídicamente oficializaríamos al feudalismo e incluso al Derecho Romano.

Por eso debería ser, como mismo a Alejandro Castro Espín, no se le debe culpar por los abusos con los ciudadanos cubanos de su padre o tío. Tampoco tendríamos que criticar la cercanía del ilustre y previsor difunto Rafael Díaz-Balart, al sangriento dictador Fulgencio Batista, al intentar la inhabilitación de sentarse a parlamentar con sus hijos Lincoln y Mario Díaz-Balart.

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