Las Instituciones en el Casco Histórico de Cienfuegos: Espacios sin accesibilidad. Revista Nacan

Las Instituciones en el Casco Histórico de Cienfuegos: Espacios sin accesibilidad. Revista Nacan

Por: José Raúl Rodríguez Rangel.

La Constitución de la República de Cuba, en su Artículo 5, consagra al Partido Comunista de Cuba (PCC), como la vanguardia de la Sociedad, y lo “encarama” por encima del Pueblo, el Estado, y el mismísimo Ciudadano.

Muchos son los temores, las acechanzas y las dificultades que este orden de cosas supone para cualquiera de nuestros ilustres paisanos, sobre todo si ante la cruda realidad del desfenestramiento de los partidos de igual signo en la órbita de Moscú, siguen inalterables en la Isla las cronologías marxistas.

Al parecer, esa es la causa por la que los inmuebles donde se asientan las oficinas del PCC, la incubadora de las principales Políticas Públicas de la Nación, por lo menos en la ciudad de Cienfuegos, no tengan acceso las personas con discapacidad.

Un simple periplo por estos edificios que se yerguen sobre el Centro de nuestra urbe, Patrimonio Mundial de la Humanidad, demuestra sine qua non los insuperables obstáculos que se alzan ante las personas con alguna queja física y que necesitan de estas, nuestras plazas cívicas.

La Unesco señaló al Casco Histórico de la Villa de «Nuestra Señora de todos los Ángeles de Jagua», como un sitio para el disfrute de toda la Humanidad, pero al parecer, y contrario al proceso Inclusivo-arquitectónico urdido por el ente de naciones Unidas, desde la perspectiva gubernamental se impone por la Administración Pública un plan de exclusión social.

No hay excusas, las Instituciones en una ciudad patrimonial como la nuestra, no tienen espacio para las personas con discapacidad, esto demuestra que la vitrina de vanidades que orquesta el Estado cubano ante la comunidad internacional, se desmorona frente a la vista del transeúnte más avispado.

No hay amor ni democracia en la toma de decisiones de nuestros funcionarios, todo se diluye en un discurso alusivo a frases altisonantes, y como ya dijimos, también en relación con cronologías fuera de época. Se impone un diligente ciclo de toma de decisiones que incluyan a todos por igual.

Frente a este andamiaje obsoleto y trasnochador de las jerarquías políticas nacionales, pongamos mano a la obra e incluyámonos dentro del destino nacional, con apoyo de las redes de inclusión social que presuponen un camino hacia una cultura de Cohesión ciudadana.

Un sueño perseguido desde antaño por todos los que creemos que las cosas se pueden cambiar durante el transcurso de una generación, es la pertenencia a los amplios márgenes y ámbitos de la vida. Debemos echar a un lado, o dejar en las aguas muertas del marxismo, los modelos excluyentes.

Una sola porciúncula de Cultura Inclusiva constituye per se un estupendo desarrollo como personas y como país. Invertir en Inclusión Social, es una propuesta que aporta beneficios para todos. Tenemos que echar mano de este arsenal de dignidad humana, ante la afrenta de los que se oponen, y oír al creador.

Libro de Mateo. 11.28: «Venid a mí todos los que están cargados y cansados, que Yo os haré descansar». Palabras muy superiores a las consagradas en el artículo 5 de la Constitución cubana.

Hay que optar por la dignificación a la persona humana, porque como antes dijimos, no hay democracia en Cuba, lo sabemos por la distancia prudencial que hay que tomar para tener la foto del edificio que contiene a la Asamblea Provincial del Poder Popular en Cienfuegos. Ojo, podemos perder la cámara, y la vigilancia por video es continua.

Por otra parte, no hay rampas de acceso, no hay ascensores en su interior, no hay un funcionario dispuesto a ayudar. Esto es óbice para aquellos países donde se restringen las libertades individuales, cuando las necesidades ciudadanas no son las prioridades de un Gobierno sumido en el pasado y en el discurso ideológico.

Por eso Rusia vuelve a estar de moda en la mente del funcionariado cubano. Cuando Barack Obama visitó la Isla, el presidente de la República de Cuba no fue a recibirlo al aeropuerto, no sucedió lo mismo con el monstruo de Vladimir Putin, bien agasajado por la administración cubana.

Sucede lo mismo con nuestros ciudadanos afectados por alguna discapacidad, tal pareciera que no se les quiere ver. Alguna persona aquejada de cierta condición médica, cercana al régimen, nos dirá que es mentira, pero nosotros quisiéramos que se demuestre que hay acceso a las Instituciones del Gobierno ¿Dónde están las rampas, dónde los ascensores y los funcionarios dispuestos a tal efecto?

Se corre el riesgo de levantar polvareda en estos asuntos, pero nuestra fe cívica es de carácter inclusivo, negociador, conciliador. La Red de Cultura Inclusiva y Derechos de las Personas con Discapacidad es amor, como la cubanidad. Mi libertad termina, donde comienza las de los otros ciudadanos.

Y la dignidad de los seres humanos nace sujeta a la dignidad individual, no se pueden quebrantar estos mapas de biología y sociología  humana. Tenemos el deber de luchar por la incorporación de todos al seno de la comunidad cienfueguera.

Y conste que no se trata de la mente retrógrada del visionario adjunto solo a su terruño. Nuestra comunidad es el seno humano y la Red tiene actuación nacional, también se imbrica con redes de igual propósitos a nivel internacional.

Porque aspiramos a una sociedad inclusiva, todo lo que degenere en exclusión debe ser echado por la borda, debemos incorporar por ello los asuntos del hombre, de la mujer, del niño y de la niña, del género en su totalidad, así como una actitud responsable ante lo que nos rodea (medioambiente).

No podemos hacer como el avestruz (que me perdone esta ave por señalar un propósito natural de sus actos) pero sirve para ilustrar lo que pasa en la Asamblea Provincial del Poder Popular en Cienfuegos. Hay barreras actitudinales y arquitectónicas.

Mis conciudadanos aquejados por alguna incomodidad física, acrecentada, o posible a causa de tales barreras, interrumpen su mirada cuando se acercan a la plaza cívica que les veda el paso. ¡Así es la mente de esos funcionarios!, se dicen.

Y tienen razón, las barreras están en el corazón de los que administran.

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