En pie de guerra: Lecciones de podología militar cubana.Revista Nacan

En pie de guerra: Lecciones de podología militar cubana.Revista Nacan No. 48

 

Por: Tony Pino V.

 

Concluyó el Ejercicio Militar «Bastión 2016», un despliegue que sería como el adviento para la celebración de la navidad revolucionaria, que supuso la llegada del Supuesto Mesías en el año 1959, cerrando con una Epifanía de Reyes Magos, que regalaron dudosas reformas con disfraces angelicales. El manto sigue siendo verde, lo que recuerda amargamente al poeta: «Verde que te quiero verde… pero no de olivo».

 

Además de la ostentación de antiguallas militares y la puesta en escena de simulacros invasores en los que siempre ganamos, con tal éxito, que hasta Napoleón se moriría de envidia, llama la atención que no se han molestado en cambiar el logo de este eufemismo del aislamiento: una fortaleza sin portón de entrada (ni salida), ni siquiera un puente levadizo. Significa estar frente a un muro que no sirve ni para lamentarse como los judíos, sólo para figurar entereza y evitar fusilamientos. Prisión, en fin, que no todos pueden acceder a prominencias para distinguir el horizonte.

 

Es patética esa colección geriátrica vestida de soldaditos de plástico jugando a la guerra y planificando maniobras, con la gentileza de excluir a la provincia de Guantánamo, por la devastación causada por el huracán Mathew, provincia que guarda a la controvertida base naval norteamericana. Sugerencias al enemigo: «La ventana trasera tiene jodidas las bisagras. Anda, no seas malo. Regálame un pretexto».

 

Risibles, los locutores del Noticiero Nacional de Televisión (NTV) vestidos de milicianos con las boinas colgadas en las charreteras. Luego, descubrir policías por doquier, sobre todo el día que atraca el crucero estadounidense vomitando su curiosidad turística, guiada y controlada para evitar el incordio de quienes se buscan la vida con la limosna. Ofende que el verde olivo y el azul trasnochado de las fuerzas del orden (y represivas), empañen el panorama de una ciudad (y un país) que (ya) es como las vedettes arrugadas, no obstante las operaciones que se realizan en zonas de interés, históricas y excluyentes, para la recaudación de divisas. Una cirugía estética patrimonial, es como reconstruir los senos de una momia para amamantar las arcas de una élite.

 

El mejor modo de sacarle los centavos a las ruinas sociales, es dejar que sigan desmoronándose para luego vender las piedras al mejor coleccionista de frustraciones. También, sembrar el enemigo en el pecho para mantener el corazón espinado. Al mismo tiempo, soportar que debamos prepararnos para un “período de degaste sistemático”, lo cual traduce que la supuesta invasión puede ser exitosa. Y sí este “desgaste sistemático” es posterior, ¿Qué sentido tiene entonces, el desgaste sistemático que sufrimos sin comillas porque es real? Desgaste sistemático patriótico para prevenir desgastes sistemáticos enemigos, no importa, que ciertos eventos impongan la corbata o la guayabera, otros modos culturales de lucir uniformados.
«Así nacimos, así somos: continuamos de verde olivo», así rezaba el estribillo de una sección del único noticiero de televisión permitido, algo que no puede ser más oficialista y desacretitado. Aparentemente nada ha cambiado. Pero yo con mucho orgullo en mi alma y mente: me apunto al daltonismo.

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