El sistema ferroviario cubano, desorganizado y destruido.

ferrocarril
Por: Miguel Fariñas Quey.
El Condado, Santa Clara, 6 de marzo 2015, (PN). En una reunión efectuada por los miembros del Consejo de Ministros, en febrero de este año, se abordaron varios temas relacionados con la actualización del Modelo Económico y social del país. Entre otras temáticas, se le dio luz verde al perfeccionamiento del Sistema Ferroviario cubano.
El Sistema Ferroviario Nacional, adjunto al Ministerio de Transporte, quedó totalmente abandonado por el régimen, tras la caída o derrumbe del «Campo Socialista Europeo». Hoy, a más de un cuarto de siglo del desastre, los mismos dirigentes quieren organizar lo que ellos destruyeron.
Como en Cuba todo está basado en la política, a la cual hay que serle incondicional para poder ocupar un puesto administrativo. También, los ferroviarios padecieron esto, aunque fueran experimentados conocedores de su trabajo, pero si no portaban el carnet del Partido Comunista de Cuba quedaban marginados, pues no eran de confianza.
Que tristes y lejanos están aquellos días, en que el campesino al escuchar el pito de la locomotora sabía qué hora era y abandonaba la labor que realizaba, para hacer otros menesteres. El horario de las máquinas ferroviarias era tan exacto, que hasta llegaba a competir con la también exacta emisora Radio Reloj.
Todo esto fue destruido por el régimen castristas que nos desgobierna, porque se empeñaron en buscar cuadros dirigentes ineptos, pero confiables políticamente. Como es el caso específico del hoy general de división Antonio Enrique Lusson Batlle, quien conocía de transporte y ferrocarriles, « lo que sabe un judío sobre El Corán».
«Como la sociedad cubana está enferma hasta la médula», no existe motivaciones en los trabajadores, además los salarios son bajos, los burócratas y corruptos dirigentes de esta entidad, han hecho de la misma un bazar de corruptelas. Traen a sus familiares y amigos, ofreciéndoles venales cargos de dirección, que ni ellos mismo saben desempeñar.
Cuando la República (antes de enero 1959), con todos sus defectos, los caminos de hierro contaban con dos administraciones ferroviarias, una en La Habana y la otra en Camagüey. También existían dos itinerarios y dos reglamentos de transporte, pero todos estaban tan bien sincronizados, que era un orgullo ser ferroviario.
Podían existir retrasos, pero estos siempre tenían un motivo justificado, aunque era algo muy inusual, salvo cuando había algún accidente o evento meteorológico. Para que los trenes de la República no corrieran a su hora, a pesar de tener las traviesas de madera y el carril más pequeño, tenía que estar acabándose el mundo.
Las combinaciones de los horarios entre los trenes y los ómnibus, en función del servicio de transportación de pasajeros era de una precisión impecable y por esto los empleados se sentían orgullosos de su trabajo como servidores públicos. Hoy día, cuando esto se intenta, los choferes de los autobuses se preparan para el retraso “planificado” de los trenes, porque es una hazaña que alguno arribe a tiempo.
Todas las semanas circulaba un Boletín Ferroviario, donde se sabía hasta de los fallecidos en el gremio, las plazas vacantes que habían en ambas divisiones, las medidas tomadas con los que cometieron cualquier tipo de indisciplina y el reconocimiento a los empleados por su constancia y probidad. Todo esto fue destruido por el régimen y su nefasta ideología.
Lo destruido en 56 años de castrismo, quieren salvarlo con curitas de mercurio cromo. Pero los muertos no resucitan. La joven Administración de Transporte Ferroviario de Cuba, lo que hace es crear más cargos burocráticos. Porque las plazas vacantes no son llevadas a convocatoria, son licitadas entre familiares y amigos.
Además, es una garrafal falta de respecto a estos trabajadores del Ferrocarril Cubano, que el general Lusson Batlle, sea hoy por hoy, el Vicepresidente del Consejo de Ministro encargado del Transporte en Cuba. Cuando Antonio Enrique Lusson fue enviado de castigo a Angola por haberlo demolido casi totalmente.

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