Los ciudadanos tambien deben tener soberanía respecto a sus gobiernos.

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Por: Guillermo Fariñas Hernández.
La Chirusa, Santa Clara, 20 de febrero del 2015, (PN). Existen actores de la realidad política cubana actual muy satisfechos, por los anuncios del pasado 17 de diciembre del 2014, por los respectivos presidentes de los Estados Unidos de América y la República de Cuba. Donde se liberaron presos por ambas partes y se anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas.
Relaciones diplomáticas rotas, desde el 3 de enero del año 1961, cuando el gobierno republicano de Dwight «Ike» Eisenhower se aprestaba a lanzar una ofensiva militar contra el gobierno encabezado por Fidel Castro. Lo que históricamente se conoce como El Desastre de Bahía de Cochinos, al recién electo John F. Kennedy abandonar a los expedicionarios.
También, se anunciaron que los gobiernos de Barack Obama y Raúl Castro continuarían estas negociaciones, hasta ahora secretas durante unos 18 meses, para lograr acuerdos que mejoren los históricos desencuentros entre ambos estados. En sendas alocuciones los respectivos mandatarios reconocen puntos de fricción y que trabajarán para su eliminación.  
Pero lo más peligroso de este acercamiento entre los acérrimos adversarios que son los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, es que algunos luchadores públicos por la Democracia Representativa miran al mismo como su objetivo y no como un medio. Estos «compañeros de ruta», para alcanzar la Libertad y la Democracia, creen que estas conversaciones lo resolverán todo.
Ellos no se percatan en su obnubilación mental, que a los representantes de los Estados Unidos de América, sólo les interesa en esas transacciones, defender los intereses de su país y no precisamente, lo que sí es esencial para la ciudadanía cubana. Se hace imperativo, que estos compatriotas entiendan que nuestras problemáticas son exclusivas de nuestra incumbencia.
A los funcionarios estadounidenses les interesa implementar una sociedad democrática dentro de esta Isla, pero sus prioridades están en alcanzar a cualquier costo la Seguridad Nacional para su ciudadanía. Así que nadie se sorprende, de las excelentes relaciones que tiene esta nación con gobiernos violadores de los Derechos Humanos como Arabia Saudita, China o Egipto.
Por eso, se hace imprescindible, para todos los cubanos, residan estos en la diáspora o en el interior, que aspiren a cambiar la dinámica actual de las conversaciones de marras, modifiquen su perspectiva. Porque en las mismas no están representadas y menos son tenidas en cuenta todas las visiones existentes entre los compatriotas del Archipiélago.
Lo que se tiene que buscar, a toda costa, es un dialogo negociador entre los cubanos que gobiernan y los cubanos que son gobernados. Es claro, que a los castristas en el uso y abuso del poder, no les conviene sentarse a negociar con su oposición, porque de hacerlo, la legitimarían y no está dentro de los planes inmediatos del castro-raulismo.
Ningún país extranjero debe o puede abrogarse el derecho de hablar en nombre de los ciudadanos de la Isla, debido a que al interior y exterior de la Nación están excelentemente representados los variados puntos de vistas, para sacar a Cuba de la crisis en que se encuentra, hacer otra cosa sería exaltar al sistema totalitario castrista.
Cualquier nación o estado extranjero, ya sea del primer mundo o de los pobres países en desarrollo, deben y están obligados moralmente a apoyar a todos aquellos que aspiren a imponer una Democracia Representativa. Hacer lo contrario, sería comportarse de una manera amoral y esto podría envalentonar a los anarquistas de todo tipo en este mundo. 
Los patriotas cubanos deben trazarse estrategias para cambiar la perspectiva de este diálogo que recientemente empezó, hacia una comprensión que los norteamericanos, otros gobiernos y entidades supra gubernamentales deben apoyar, que se efectúen deliberaciones entre nacionales. Y sobre todo, entre compatriotas que tengan y sostengan puntos de vistas diferentes.
Mientras las negociaciones no sean entre cubanos, nadie puede estar bien. Toda justicia democrática está basada en la igualdad entre los seres humanos. Las pláticas entre gobiernos políticamente contrarios deberían estimular, a que se exijan en las mismas, que los gobiernos deben ser soberanos, pero los ciudadanos también deben serlo respecto a sus gobiernos.

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