Cuba de la Dictadura a la Democracia (I).

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Por: Rolando Ferrer Espinosa.
Camino a Vegas Nuevas, Santa Clara, Villa Clara, 20 de febrero de 2015, (PN). Basándonos en el material confeccionado por Geen Sharp, filósofo estadounidense, científico político, catedrático y fundador de la Institución Albert Einstein, sobre la lucha no violenta, lo ajustaremos a la realidad cubana. Ofrecemos a la ciudadanía una orientación concreta para la implementación de un cambio, con el menor costo humano posible.
Hemos visto, cómo, dictaduras que aparentaban estar firmemente afianzadas e inexpugnables, han caído o se han tambaleado cuando se les enfrenta una población desafiante y movilizada. Los mandantes demostraron ser incapaces de soportar satisfactoriamente, un desafío concertado por los oprimidos, en lo político, lo económico y lo social. 
Desafortunadamente, en la Isla tenemos una Dictadura con 56 años de opresión sobre los cubanos. A éstos se les ha inculcado insistentemente la sumisión incondicional a las figuras y gobernantes que detentan la autoridad, primero a Fidel y posteriormente a Raúl Castro Ruz, los cuales ostentan una dinastía dictatorial, con miras a la posteridad.
Con los fines impositivos, el régimen, deliberadamente, ha debilitado, subordinado y reemplazado a las instituciones sociales, económicas, políticas y hasta religiosas de la sociedad, las consideradas fuera de control estatal, por otras regimentadas que responden plena e incondicionalmente al dictador y los usa para dominar a la sociedad.
El denominador común, político, es el Estado o Partido Comunista de Cuba (PCC). Los tres poderes del Estado, están en manos del régimen, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. El objetivo es tener una población atomizada (convertida en una masa de individuos aislados), incapaces de trabajar juntos para lograr su libertad, de confiar los unos en los otros y hasta de hacer algo por iniciativa propia.
Como resultado de esta política represiva, gran parte de la población se ha vuelto débil, carece de confianza en sí misma y es incapaz de ofrecer resistencia alguna. Las personas por lo general están demasiado asustadas como para compartir su odio o inconformidad por la dictadura y su hambre de libertad, ni aún con su familia y amigos.
Además de la negativamente fuerte situación económica que vive nuestro país, lo cual ocupa sobremanera la mente de las personas, éstas están demasiado aterrorizadas para pensar en serio en la resistencia popular. El fatalismo psíquico les hace concluir: ¿De qué iba a servir? Entonces en vez de esto, asumen el sufrimiento sin objetivo y un futuro sin esperanza.
En estos 56 años de totalitarismo, han existido manifestaciones, protestas y levantamientos temporales de significación, así como otros aislados y anónimos de menor cuantía. Se destaca sobremanera los valientes guerrilleros del Escambray, la protesta popular masiva del llamado Maleconazo en 1994 y los tantos disidentes presos por sus actividades contestatarias al régimen.
Asimismo añadimos los numerosos muertos en el Estrecho de La Florida en busca de la libertad y las víctimas del comunismo en su afán de demostración de poder. Estas acciones de resistencia han sido insuficientes para vencer el miedo total de la gente y su habitual obediencia, que lamentablemente causan sufrimiento y muerte, pero mantiene viva la esperanza en la victoria.
Las circunstancias hacen pensar a algunos que sólo por la violencia se puede acabar con una dictadura. Debido a que las posibilidades más evidentes parecen inútiles, que la dictadura hace caso omiso de las barreras constitucionales y legales, que además reaccionan con brutalidades, las detenciones, las torturas, las desapariciones y la muerte.
La violencia engendra más violencia. El régimen castrista dispone de la superioridad militar, en cuanto a cantidad y calidad de armamentos, pertrechos, transportes, tamaño de las fuerzas armadas y dominio del escenario bélico, lo cual es muy difícil de emparejar, independientemente de la valentía de los demócratas, resulta en un alto precio en sufrimiento y vidas sin logros reales.
Una rebelión militar en Cuba, no es viable. Al depositar la confianza en los medios violentos, se ha escogido precisamente el modo de lucha en el cual los opresores tienen superioridad. Los totalitaristas desencadenarían violentas represiones, que dejarían a la población más indefensa que antes, sin beneficios para la nación oprimida y/o la democracia.   
 

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