Una tarea impostergable de la disidencia cubana.

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Por: Oscar Sánchez Madan.
Cidra, Matanzas, 8 de febrero del 2015, (PN). Ante el anunciado restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos de América, acontecimiento que tomó por sorpresa a la ciudadanía nacional. Porque se aseguró en tantas ocasiones que no se negociaba, que muchos se los llegaron a creer.
A partir de esta decisión histórica, estemos o no de acuerdo con la misma, una misión inaplazable tiene la Sociedad Civil Cubana. Se hace necesario comprender que dichas administraciones están enfrentadas en cuanto a los conceptos para y cómo ejercitar el poder político ejecutivo, desde hace 56 años.
Apremia la tarea de acortar la distancia que separa a la Isla del anhelado Estado de Derecho y de una Democracia Representativa, donde los ciudadanos sean el máximo poder y puedan relevar o no a los servidores públicos periódicamente. Esta labor resulta hoy improrrogable, puesto que de no cumplirla, la Nación pudiera caer en el caos político y social.
Aburre ya la añeja disputa entre dos naciones, pues ambas podrían beneficiarse del comercio mutuo y de los intercambios científicos, económicos y culturales. Abruman a sus respectivos pueblos las viejas prohibiciones y la incómoda desconfianza generada por décadas de fatigosas desavenencias oficiales.
Tras más de 50 años de una enemistad surgida, a partir de la alineación castrista al otrora bloque comunista de Europa Oriental, la actual administración demócrata estadounidense cede sin lograr concesiones que favorezcan al pueblo cubano. Esto resulta increíble, pero es cierto y levanta lacerantes suspicacias para los compatriotas de una u otra orilla.
Muchos en Cuba recuerdan, por estos días, las promesas del inquilino de la Casa Blanca de no pactar con una dictadura que menosprecia la vida de sus ciudadanos. No pocos evocan el compromiso de los Estados Unidos de exigir, que en la isla se respeten los derechos humanos.
Sobradas razones tiene un amplio sector de la oposición interna y del exilio cubanos para protestar ante las sorpresivas negociaciones entre La Habana y Washington. Máxime cuando estas se iniciaron en secreto y con irrespetuosa falta de transparencia de ambas partes, pero sobre todo de la estadounidense por tratarse de un estado democrático.
En este nuevo contexto la disidencia cubana deberá afianzar sus proyectos democratizadores. Para lograrlo necesita coordinar mejor su accionar, crecer en número, poner sus ojos en el principal adversario: el régimen y emplear con mucha más eficiencia o eficacia los métodos de la lucha noviolenta.
La oposición dentro y fuera de Cuba tendrá éxitos, si deja de ocuparse de nimiedades que la apartan de su principal misión: incorporar, sin muchos planes teóricos, a un amplio sector de la población, a la imprescindible labor de democratizar el país con acciones concretas.
Para las cubanas y los cubanos el tiempo de reclamar sus derechos terminó. Es necesario arrebatárselos al régimen aunque sea a un alto el precio. Es por esto que la metodología de la noviolencia necesita encontrar temáticas que atraigan a amplios segmentos poblacionales.
Con una perseverante labor informativa, una férrea disciplina política, unos estrechos contactos con la población y con la clara identificación de los intereses y anhelos de cada fracción de la población se podrá cumplir dicha misión. Es una tarea difícil, aunque realizable e impostergable.
sanchesmadan61@yahoo.com

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