El Comunismo o cualquier otra sociedad sin derechos conduce a la esclavitud.

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Por: Miguel Fariñas Quey.

El Condado, Santa Clara, 14 de enero 2015, (PN). Cuando la humanidad piensa en el concepto de Esclavitud, sin dudas se remonta a la práctica comercial abolida en el siglo XIX. No obstante, algunos consideran que ser esclavos, solo cambió de forma y en los siglos XX y XXI surgieron otras formas de esclavitud.

Los historiadores escriben y disertan sobre cómo millones de personas fueron robadas y transportadas de un continente a otro, para ser vendidas en los mercados. Mientras en la literatura, obras como «Cecilia Valdés» y largometrajes como «Espartaco» o «El Gladiador», lograron sentar pautas al respecto.

Pero contrario a lo que muchos creen, la esclavitud no constituye un fenómeno del pasado. Pues, con la llegada al poder de la Revolución Bolchevique en Rusia, se dio inicio a una forma más encubierta a este flagelo de la humanidad,  porque se comenzó  a explotar de forma despiadada a las personas, con la creación de los campos de concentración con trabajos forzados.

Desde su inicio, El Comunismo regó sangre, lodo y odio por todos lados, y hoy en día disfrazado de populismo y hace promesas de igualdad, para atraer a los desposeídos. Ya que éstos en su desesperanza desconocen cuan vil es el sistema que a ellos les proponen y al apoyarlo se transforman en nuevos esclavos.

Solamente, tras las masas haber vivido bajo este nefasto y diabólico régimen, como le pasó al pueblo soviético y sus demás países satélites de Europa del Este, es que se sabe en realidad lo que es El Comunismo. Cuando al fin los nuevos esclavos en pleno siglo XX pudieron romper las cadenas que los ataban, entonces comprendieron lo esclavo que fueron.

En varios países de América del Sur ha surgido «El Populismo», que no es nada más que un engañoso disfraz de la élite comunista para adueñarse del poder y hacer de esos países un feudo personal. Como sucede en Cuba, donde una cúpula político-militar se ha apoderado de la nación y ha hecho de ella un bazar, de familiares, amigos y concuños.

Este sistema castrista crea un círculo a su alrededor de seguidores que sean incondicionales a todos sus antojos y caprichos. Y quien se salga de sus mandamientos, va hacia la cárcel y puede hasta costarle la vida. Los trabajadores no tienen derecho a ningún tipo de reclamación gremial, ya que el sindicato creado y sus principales dirigentes, son simples marionetas del sistema imperante.

Se les paga a los trabajadores con una moneda devaluada astronómicamente y se quedan entre un 80 a 90 por ciento de una moneda fuerte, sean euros o dólares. Es una falsedad cuando dicen que la educación y la salud son gratuitas, ya que del salario del trabajador le descuentan un 5% para la educación, salud y jubilación.

Hoy Raúl Castro exige a los Estados Unidos el levantamiento del Embargo Económico, Financiero y Comercial. Hasta que no respeten los derechos humanos, liberen sin condiciones a los presos políticos, efectúen elecciones libres con observadores internacionales, haya multipartidismo, libertad de opinión y circulación, no se debe levantar el embargo.

Castro repite hasta la saciedad que todos los males de Cuba se deben al imperialismo yanqui, ahora su gobierno quiere recibir créditos de quien tan mal hablan. Cualquier observador puede comparar estas contradictorias posiciones y se puede ver o conocer, quién es el mentiroso de los dos adversarios.

Decir esclavitud en esta época, no se debe asociar con un mayoral, un látigo, un cañaveral y una dotación de negros golpeados para trabajaran. Debido a que, hoy el castrismo sustituye a la fusta por la Ley de Peligrosidad Social Predelictiva, al mayoral por un Jefe de Sector Policial, una dotación por un conglomerado de trabajadores sin derechos y en el cañaveral es toda Cuba.

Al fallecer Carlos Marx nuestro Apóstol Nacional dijo: «A muerto Carlos Marx merece respeto, porque se puso de parte de los pobres, pero la medicina por él creada es más deficiente que la enfermedad que padecen los humildes». Martí estaba bien lucido al comprender, que cualquier sociedad sin derechos conduce a la esclavitud.

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